Reflexiones efímeras para días inciertos: Kuden - Escuela Municipal de Aikido
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gnomura

Reflexiones efímeras para días inciertos: Kuden

Si eres un experto en Yoga, tocas el piano, o pintas, la cuestiones que se pueden suscitar en el ámbito social por tu tipo de actividad son tan interesantes como impredecibles, pero la pregunta que surge irremisiblemente cuando en una conversación se menciona que practicas un arte marcial, es siempre la misma: “¿Y tú que cinturón eres?”, y tu reacción la de siempre… ya tardaba la preguntita…

Formulada por alguien lego en la materia intenta en realidad calibrar tu “grado de peligrosidad” -y esto no deja de tener gracia- pero una vez satisfecha su curiosidad, a veces con la verdad, pero normalmente con un color, el dato les informa de manera implícita de lo serio que eso debe ser para ti. Personalmente, recomiendo contestar con uno, lo más claro posible, para dejar tranquila la sensible mente de nuestro interlocutor y que el interrogatorio termine lo antes posible.

En el dojo también es habitual que, sobre todo los recién llegados, te pregunten acerca de qué grado tienes y frecuentemente la preguntita que te crea un nudo en la garganta: ¿cuántos años llevas? En este caso la información le sirve para medir la capacidad del sempai e interpreta acertadamente que cuanto mayor es el dan, por ejemplo, mayor conocimiento técnico debe tener el profesor y más importante debe ser. Sin embargo, contestar a la pregunta, por lo regular, sirve únicamente para que el principiante evite a toda costa la zona del tapiz por donde andan los del pantalón negro y paradójicamente considere mejor la práctica con compañeros que también son principiantes.

Para uno mismo, el grado puede estar presente a la hora de ocupar un determinado lugar en shimoza y poco más, pero desaparece totalmente, es inmediatamente olvidado cuando comienza el entrenamiento.

Ese es el momento decisivo, es cuando el profesor o el alumno aun sin darse cuenta expresan a través de su comportamiento, de su manera de trabajar, como entiende el aikido, qué representa para él. Entonces el grado dan deja de ser, como hemos visto, un baremo interpretable subjetivamente de maneras bien distintas, para ser la plasmación exterior de las vivencias acumuladas durante los años -muchos o pocos, pero nunca suficientes- de práctica.

En mi opinión, a un grado de comprensión del aikido, corresponde un nivel técnico determinado y no al revés.

Para mi el grado dan es eso, un grado de comprensión de la disciplina nacido del estudio, de la práctica, de la enseñanza, de la reflexión, de la continua corrección, de la obediencia, del deber, pero sólo, y esto es muy importante, se ha producido con la presencia necesaria e insustituible de la coherencia que armoniza todos estos aspectos.

De todo punto es deseable buscar la convergencia entre el grado dan y la calidad de la enseñanza en un profesor. Si no existe un equilibrio, la integridad de la transmisión del aikido se ve amenazada.

Dado que el grado dan es una cualidad que se adquiere progresivamente y que es también indispensable la capacidad pedagógica que nace igualmente de la experiencia como docente, ¿qué es lo que puede permitirnos realizar una trasmisión, una enseñanza del aikido, veraz y no distorsionada por la falta (o quien sabe si por el exceso) de conocimientos?

Mi respuesta es sencilla, el conocimiento preciso de las bases del aikido, proporcionará siempre al enseñante un terreno firme donde desenvolverse y a los alumnos el armazón sobre el que podrán construir su propio estudio, su propio aikido.

En “La Etiqueta…” todo un capítulo está dedicado a los Grados, Tamura Sensei aclara cuál era su sentido en la enseñanza de las escuelas tradicionales y cuál debe ser para nosotros en el Budo moderno. Y también dice: “Desde el comienzo del estudio, se exponen todas las técnicas y nada cambia en ellas, solo la ejecución evoluciona al mismo tiempo que el artista se perfecciona y transforma. (…) Los grados dan son los hitos de esta evolución”.

La próxima vez que me pregunten que grado tengo, amablemente responderé que me acerco a la siguiente piedra del camino… a ver qué pasa.

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